Son las 6 y media de la tarde del 16 de Febrero del 2013.
Locación: Monte Grande, Buenos Aires, Argentina.
Hace 33°C (calorcito).
Estoy a punto de caer dormido en una siesta veraniega. Una de esas que son muy lindas cuando hace calor y estás aburriéndote. Técnicamente estoy trabajando, pero la inactividad, sumada a que la gente normal se toma vacaciones por estas épocas, me generan lagunas interminables en las que miserablemente miro el techo, mientras ahogo mis penas en mates amargos y le escapo a la soledad, y al aburrimiento, escuchando los 40 principales en la radio.
Antes de ceder al sopor, preferí arrastrarme hasta el teclado a escribir una reflexión acerca de la humanidad y el cansancio. Llegué a la conclusión de que todos hacemos cosas porque nos cansamos de algo y dejamos de hacer, inclusive esas mismas cosas, por la misma razón. Lo que lleva a la vida, en todas sus formas, a hacer cualquier cosa, es el mismo cansancio. Lo que lleva al planeta a moverse y al universo a existir es el cansancio. Comemos porque estamos cansados de tener hambre, dormimos porque estamos cansados de no dormir, bailamos porque estamos cansados de estar quietos y, contradictoriamente, dejamos de comer porque nos cansamos de comer, dejamos de dormir porque nos cansamos de dormir, dejamos de bailar porque nos cansamos de bailar ...
Así la existencia en su totalidad transcurre entre estados de cansancio constantes y sucesivos. El invierno se va a otra parte porque se cansó de este lugar de la Tierra. El sol sale porque se cansó de la oscuridad. El sistema solar se equilibra porque se cansó de no equilibrarse, el tiempo pasa porque se cansó de no pasar. Las plantas buscan el sol porque se cansaron de no hacer fotosíntesis. Las hormigas juntan hojas porque se cansaron de no trabajar. Las abejas hacen miel porque se cansaron de no tener miel ... Y así ... Ahora estoy un poco cansado, porque me cansé de no estarlo. Después voy a estar cansado del cansancio y voy a ir a hacer algo.
No sé si será el perro que me saca la lengua desde la vereda, el calor intenso, las ganas de dormir una rica siesta que tengo, Daddy Yankee en la radio ó el sanguche que me hicieron las chicas del buffet con tanto amor, pero creo que no estoy haciendo mas que divagar en conclusiones inconclusas, un poco inconexas y carentes de sentido.
Debe ser el verano y la juventud, siempre tienen la culpa de todo lo que hago ...
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